Es la destrucción y devastación que no se atiene a ninguna consideración ni respeto. El grado de vandalismo es el reflejo de la educación y la cultura de una comunidad. En San Miguel de Tucumán, las prácticas destructivas son moneda corriente. Las columnas de alumbrado público, las paradas de ómnibus, las esculturas, los bancos y los juegos de las plazas parecen ser los blancos preferidos de los inadaptados.

En nuestra edición del viernes dedicamos un amplio espacio a la depredación urbana. Según un informe de la Municipalidad capitalina, se gasta alrededor de $4 millones sólo en mantener los espacios verdes, reponer los artefactos lumínicos destruidos y restituir o arreglar los cestos papeleros robados y dañados. La Dirección de Espacios Verdes informó que invierte $2 millones anuales en pintar las estructuras graffiteadas, reparar las fuentes, las pistas de salud, los juegos infantiles, las esculturas y reponer los árboles (rompen o roban el 30% de los que se plantan). Además, gasta $1 millón por año en la limpieza de los paseos. Por su parte, la Subdirección de Alumbrado Público informó que, por semana, son destruidos, en promedio, cinco artefactos lumínicos de sodio de alto rendimiento; para reponerlos, hay que invertir $ 28.000 por mes, cada uno cuesta $ 1.400. Una vez al año la repartición debe reponer todo el sistema de alumbrado del parque Guillermina, porque rompen cada una de las lámparas. El gasto es de $130.000.

De acuerdo con el informe, el costo de la limpieza de las columnas de alumbrado público de la ciudad luego de las elecciones ascendió a $240.000; se gastan $40.000 en la reparación un complejo semaforizado cuando es destruido por una colisión automovilística; se invierten $3.000 en la reposición 1.000 plantines en plazas y parques. El trabajo indica que el 90% de los 250 refugios de pasajeros han sido blanco de los inadaptados.

Según una urbanista, el vandalismo está ligado con la falta de apropiación de la ciudad. "Tras la última campaña, una recorrida por la ciudad permitía ver cómo las columnas de alumbrado, las paredes y otros espacios habían sido vandalizados justamente por políticos que se comprometían a administrar la ciudad. Y si ellos son los que comenten las agresiones, qué se puede esperar del ciudadano de a pie", dijo.

En otras ocasiones, hemos señalado en esta columna que la mayor parte de los tucumanos carece de identidad o de un sentido de pertenencia, y no asumen que los bienes sociales son de todos y, en consecuencia, debemos cuidarlos. La falta de educación cívica es alarmante. No se trata sólo de reparar en forma permanente lo destruido -lo cual es una obligación del Estado- sino de lograr una Justicia más ágil, de manera que las sanciones a los inadaptados se concreten y de profundizar en la educación la instrucción cívica. Por ejemplo, para comenzar, una vez al mes, se podría llevar a los alumnos de una escuela a la plaza del barrio para que elaboren un registro sobre el estado de los árboles, de las plantas, de los bancos, de la caminería, de los juegos, del parquizado, de las estatuas. De ese modo, los chicos irían tomando conciencia de la necesidad de cuidar lo que es de todos.

La educación es el punto de partida para generar cualquier cambio en una sociedad. En la medida que tengamos mayor cultura, habrá menos vandalismo.